Agencia Reforma
París, Francia 11 junio 2026.- La escuela de danza de la Ópera de París preserva un patrimonio artístico ancestral: la enseñanza del arte del ballet clásico al estilo francés, una técnica que no está en los libros, pero se transmite de generación en generación y atrae a estudiantes de todo el mundo.
En el edificio que alberga esta institución heredera de Luis XIV, en Nanterre, en las afueras de la capital francesa, el bullicio de los alumnos reina en la gran escalera central que conduce a los estudios de danza.
A pocos minutos del inicio de las clases, unos charlan en el patio, otros terminan una partida de futbol, pero la mayoría, con zapatillas y ropa deportiva, hacen ejercicios de calentamiento.
En los pasillos, Elisabeth Platel, directora del centro desde 2004, contempla cada una de las seis divisiones de chicas y seis de chicos, en total 144 alumnos de entre 9 y 18 años, que superaron las difíciles pruebas de acceso a la prestigiosa institución.
“Además de su misión principal, educativa, que es preparar a los alumnos para su incorporación a la compañía de la Ópera de París, la escuela tiene una misión patrimonial: conservar el estilo francés, surgido de la danza cortesana de la época de Luis XIV, de la danza folclórica y del romanticismo”, explica la otrora primera bailarina del ballet de la casa parisina.
Esta transmisión se basa en la oralidad: “Hay pocos textos escritos y una gran cantidad de archivos de video”, señala.
“Nuestro plan de estudios lo llevamos dentro”, agrega para recalcar hasta qué punto los bailarines se “impregnan” de él mediante su cuerpo.
Es “una base muy sólida”, transmitida de maestros a alumnos desde hace años, añade.
“Es como si fuéramos un eslabón de la cadena”, considera Stéphane Bullion, bailarín estrella y actualmente profesor en la sexta división de chicos (los más jóvenes).
Carole Arbo, profesora en primera división de chicas (las mayores), también antigua estrella y exalumna de la escuela con “más de 50 años en la casa”, añade: “El 90 por ciento de lo que enseño es lo que nuestros maestros nos transmitieron”.
El objetivo es “perpetuar” un estilo que ella define por la “rapidez” en el trabajo de piernas y de técnica, por su “virtuosismo”, su “pureza y precisión en los movimientos”, “sin olvidar la parte artística”, presente en los grandes ballets como Giselle o La bella durmiente.
Centro de excelencia
A diferencia de otras formas de enseñanza del ballet, la técnica francesa es “más precisa”, dice Carina, alumna de primera división, originaria de Rumania. Y este estilo tiene “más reconocimiento, más demanda”, asegura.
En realidad, cada profesor aporta su toque personal en la transmisión, dice Platel. Ella misma hace evolucionar el plan de estudios “en función de las necesidades del ballet de la ópera y de la evolución de la sociedad”.
Estas particularidades de la escuela la convierten en un centro de excelencia al que aspiran muchos jóvenes.
Este año, 47 alumnos, es decir, un tercio del total, proceden de 20 países diferentes, entre ellos Malasia, Brasil, Japón, España, Estados Unidos, Nueva Zelanda… En 2018, los alumnos internacionales eran sólo 20 (de un total de 153).
Al terminar su formación, no todos conseguirán su objetivo: entrar en el cuerpo de ballet de la ópera. Pero su bagaje les permitirá acceder a otras grandes compañías.
El año pasado, de 23 alumnos de la última división, cuatro mujeres y tres hombres del centro lograron entrar en la compañía.
Con información de Karine Perret / AFP





