Ciudad de México 30 octubre 2026.- A partir de la investigación que nutre las páginas de 02.11. Día de Muertos. Una celebración de la vida y la muerte, la gente de Trilce Ediciones corroboró que no se puede hablar de una sola festividad.
“Nos dimos cuenta que es absurdo decir que hay un Día de Muertos; (sino que) hay miles de Días de Muertos en cada poblado, en cada lugar”, dice en entrevista Déborah Holtz, directora y cofundadora del sello, remarcando el sincretismo entre tradiciones de las culturas originarias y lo que habrían de traer los conquistadores españoles.
“En el lugar que te pares, se celebra de una manera particular”, insiste la también socióloga. “Y esta riqueza () es lo que nos pareció que valía la pena dedicarle nuestro tiempo”.
De ese volumen con más de 600 imágenes que dan cuenta de tal diversidad se desprendería el año pasado una exposición fotográfica en las rejas de Chapultepec. Ahora, tanto el libro como la muestra arriban a París; “a ver qué tal nos toca”, comenta Holtz dado el álgido panorama que vive en este momento la capital francesa en medio de protestas.
La publicación será presentada en el Musée du Quai Branly el 6 de noviembre, y desde el jueves 29 se exhiben en el pintoresco Parc des Buttes-Chaumont 45 fotografías de gran formato.
Esta oportunidad, enmarcada en los festejos por el bicentenario de las relaciones diplomáticas entre el País y Francia, surgió a partir de que en 2025 se presentara en el Instituto Cultural de México de París la muestra Sensacional de Diseño Mexicano, otro proyecto de Holtz y Juan Carlos Mena, su mano derecha.
“Llevamos algunos libros de Día de Muertos y, afortunadamente, () el libro llegó a la Alcaldía de París. Y pues se empezó a barajear la idea de que se hiciera una exposición como la de Chapultepec”, comparte la editora, precisando que no será exactamente igual.
“Es diferente porque pasó por la selección de la Alcaldía de París. Hay algunas fotos que les parecieron muy fuertes. En fin, ellos seleccionaron de acuerdo con su público”.
A decir de Holtz, lo que motivó la realización del libro -que tomó algo más de un lustro en estar listo- fue la necesidad de plasmar “la vibra” de esta celebración; “la vibra que nosotros vivimos en las calles, con la gente, en los lugares”, abunda la editora.
“Y luego, a partir de Hollywood se volvió tan popular a nivel mundial, que todo mundo quería celebrar Día de Muertos; no sabían ni para qué ni por qué ni de qué se trata, pero querían un desfile, que se puso de moda desde luego por Spectre (2015)”.
La publicación resultante -ya también lanzada en inglés por la prestigiosa Rizzoli International Publications- es un viaje histórico, desde Mitlantecutli hasta esa reciente tradición ciudadana que dejara la cinta del 007 en la Ciudad de México, donde la atención del lector se dirige a todos los elementos que dan forma a esta festividad, entre artesanía popular, disfraces y máscaras, comida, música, altares y más.
“La cantidad de expresiones artesanales y artísticas que existen alrededor de esto no tiene parangón. Ni la Navidad, ni el 16 de septiembre, ni lo que me digas, se compara con toda la imaginería que surge con el Día de Muertos”, sostiene Holtz, poniendo como ejemplo la alfarería, el papel picado, las flores de cempasúchil o los alfeñiques.
“Y, obviamente, la juguetería, que es una cosa espectacular de sentido del humor, de desparpajo, todo con figuritas de la muerte. Por lo cual, hay quienes dicen que nos reímos de la muerte; yo no estaría de acuerdo”, añade.
Por medio de la lente de fotógrafos como Jesús López, Francisco Palma o Fermín Guzmán, sólo por mencionar a algunos, tanto el libro como la exhibición permiten asomarse a cómo se celebra a los difuntos en diferentes rincones del País.
“Tuvimos fotógrafos extraordinarios y también compramos muchas fotografías de los archivos de fotógrafos que se han dedicado una muy buena parte de su vida profesional a ir de un lugar a otro captando lo que es Día de Muertos”, apunta Holtz.
“Tenemos una foto de Tochimilco, en Puebla, donde hay un altar hecho de pan; o sea, no se puede creer: ¡Todo el altar hecho de pan! Siempre me quedé con la duda de si se lo habrán comido”, cuenta entre risas la editora.
Una imagen más muestra una tumba con una representación prehispánica, una cruz religiosa y una típica calabaza de plástico de Halloween; “me parece la máxima representación de lo que es este País”, estima Holtz, para quien este esfuerzo busca ir más allá de ideas preconcebidas y las miradas exotizantes.
“Vale la pena que la gente se entere que es más que vestirte de catrina, es decir, esta es nuestra gran felicidad”.
En paralelo a su incursión parisina, la exposición puede verse en las rejas del campus Zacatenco del Instituto Politécnico Nacional (IPN), donde permanecerá hasta el 30 de noviembre.




