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Agencia Reforma

Monterrey, NL 19 junio 2026.- Interpretar un concierto en una velada implica para cualquier solista un gran trabajo de estudio, práctica y memorización. Interpretar tres en una noche y llevar también la batuta, ¡es toda una proeza!

 La noche del miércoles, el clarinetista Roberto Flores, principal de su sección en la Orquesta Sinfónica de la UANL, salió avante haciendo mucha música y bien hecha, acompañado del ensamble en el Teatro Universitario.

 El reto fue mayúsculo ya que implicó ejecutar estilos distintos, desde el clasicismo pasando por el romanticismo y música del siglo 20, adaptándose a cada uno de ellos.

 De inicio, en el concierto en la mayor, K. 622, de Mozart, Flores aportó una ligereza de tono, precisión en la línea melódica además de agregar algunas notas, a manera de adorno en unos pasajes, que abonaron a la interpretación.

 Por su parte, la Sinfónica de la UANL, bajo su dirección, acompañó con esmero, luciéndose también en sus intervenciones, destacando los alientos y los cornos.

 Hacía años que no escuchaba tan bien ejecutado el K. 622.

 Posterior al intermedio, Flores hizo gala de virtuosismo con el concierto No. 2, en mi bemol mayor, Op. 74, de Carl Maria von Weber, página que explora toda la gama sonora del instrumento, desde el salto inicial de una nota alta en la primera intervención del primer movimiento, hasta notas del registro grave y afrontando con aplomo los pasajes rápidos que demanda el tercer y último movimiento, “Polacca”.

 Para cerrar su tour de force, el clarinetista eligió el concierto del norteamericano Aaron Copland, partitura nada fácil por los constantes cambios de ritmos, en especial en su segunda parte, “Rather fast”, que además exige tocar constantemente en el registro más agudo.

 De nuevo la agrupación hizo un acompañamiento comprometido.

 El programa abrió con la obertura de la ópera “La Cenerentola”, de Rossini.

 Debo reconocer aquí también el buen oficio concertador de Flores, con un trazo sencillo, claro y uso discreto de la mano izquierda.

 La ovación de los apenas 95 asistentes al recinto no se hizo esperar.



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