Agencia Reforma
Ciudad de México 16 marzo 2026.- Ocho años después de lo originalmente planeado, el nuevo Museo Nacional de Energía y Tecnología (Munet) finalmente está próximo a abrir sus puertas al público.
Este innovador complejo enclavado en la Segunda Sección del Bosque de Chapultepec, producto de un mecanismo de coinversión público-privada, suple al anterior Museo Tecnológico (Mutec) de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), que cerró a finales de 2015.
«En los museos de ciencias tienes que entrar en un proceso de renovación o de actualización cada 10 años, y la última actualización del Mutec fue en el año 2000, en la administración del Presidente Vicente Fox. Entonces, la verdad es que ya era una museografía rebasada, ya no respondía a las necesidades y al impacto que requieren los públicos», apunta en entrevista Juan Rivas Mora, director del Fideicomiso Munet.
«Eso es lo que hicimos: reinventar el museo», continúa el ingeniero electricista y maestro en educación, cuyas expectativas para este espacio no son menores: «Vamos a marcar el antes y el después de los museos de ciencia».
En un recorrido exclusivo con REFORMA, Rivas Mora explica que la vocación del Munet será facilitar la comprensión de la energía en sus diferentes tipos, sus transformaciones y cadena de valor, e incluso traer a discusión cómo asegurar las necesidades energéticas actuales con el menor impacto negativo posible; «ése es el gran tema, lo que queremos dejar en la mesa y en la mente colectiva», afirma.
Por un instante, el directivo deja que sea uno de los pocos remanentes del extinto Mutec el que comparta más detalles sobre el nuevo museo.
«¿Qué exhibiciones hay en el Munet?», pregunta Rivas Mora a Lumino, un robot antes conocido como RoboThespian, al que ahora realizan un cambio de imagen y reingeniería para que, por medio de Inteligencia Artificial (IA), pueda fungir como guía autómata.
«Claro, en el Museo Nacional de Energía y Tecnología encontrarás combustibles fósiles, bioenergía, energía solar y eólica, y conceptos básicos de energía. Podrás ver maquetas de perforación petrolera, aprender sobre geotermia y mucho más», responde el chatbot.
A lo largo de dos niveles en el remodelado edificio principal, que luce en su vestíbulo tres columnas de 22 metros de alto con pantallas reproduciendo imágenes de la naturaleza, las exhibiciones se dividen en energías renovables y no renovables, además de conceptos básicos.
En total, tomaría de tres a cinco horas poder contemplar a cabalidad todos los materiales y accionar las diferentes estaciones interactivas, en las cuales lo mismo se explica cómo funcionan las celdas fotovoltaicas de los paneles solares o se simula la operación de una central hidroeléctrica.
Además de fotos panorámicas de complejos energéticos reales, en las pantallas de algunos muros se puede escuchar de viva voz a técnicos y operarios hablar de su labor. «Gente con energía», se titula esta serie de entrevistas que incluye, entre otras instancias, la Central Nucleoeléctrica Laguna Verde, en Veracruz; «esto es mejor que una visita a Laguna Verde», estima Rivas Mora.
«¿Alguna vez se imaginaron que un rayo podía tocar música?», dice el directivo en otro punto del recorrido, delante de un par de bobinas de Tesla programadas para entonar, junto con otras melodías, el Himno a la alegría.
Salas de usos múltiples debajo de una plaza de casi una hectárea de extensión; un área lúdica para los más pequeños diseñada por el estudio de entretenimiento multimedia Cocolab, y hasta una librería Educal, es parte de lo que el público podrá encontrar en el Munet, que además de tener una planta de tratamiento de agua también cuenta con paneles solares para producir una cuarta parte de la energía requerida.
La proyección arquitectónica estuvo a cargo del despacho TEN Arquitectos, encabezado por Enrique Norten. La museografía, por otra parte, fue diseñada por la firma neoyorquina Ralph Appelbaum Associates, y fabricada por la española Acciona Cultural Engineering, mientras que numerosos científicos de diferentes instituciones participaron como asesores, a decir de Rivas Mora.
«Alguien que ya no está con nosotros, pero que fue una pieza fundamental del proyecto, fue Julieta Fierro (1948-2025)», comenta el directivo.
Aún sin fecha tentativa de apertura, el Munet alista los últimos pormenores antes de recibir a la gente, entre la capacitación de sus guías, compra de equipo de cómputo e integración del programa de Protección Civil. «Lo que no queremos es que se nos escape un solo detalle, pero, sobre todo, la integridad y la seguridad de nuestros visitantes», enuncia Rivas Mora.
Del Mutec se han preservado también los murales Madre naturaleza, de Alfonso Xavier Peña, y Mural para la paz, de Borko Lazeski, un obsequio del Gobierno de la entonces Yugoslavia a México.
De puerta en puerta, como ‘vendedor de aspiradoras’
Fue en 2013, relata Rivas Mora, cuando se ideó hacer un museo de casi 75 mil metros cuadrados con una inversión de alrededor de 4 mil 800 millones de pesos, que fuera subvencionado por la iniciativa privada en su totalidad.
«Obviamente, pues pasaron muchas cosas: Vino la crisis petrolera, vinieron transformaciones importantes para los negocios en las áreas de energía, y eso, de alguna manera, desincentivó o aletargó el desarrollo de este proyecto.
«Cuando nos damos cuenta de que no íbamos a lograr el objetivo, se nos pidió redimensionarlo; pasó de 75 mil a casi 15 mil metros cuadrados, una reducción muy importante», prosigue el ingeniero. «Pero todo lo que estaba en el proyecto grande de 75 mil metros cuadrados lo tenemos al día de hoy, solamente la escala se redujo».
A finales de 2015, el entonces Presidente Enrique Peña Nieto dio a conocer la transformación del Mutec, proyecto para el cual el Gobierno federal recurrió a la creación de un fideicomiso, estableciendo que la iniciativa privada financiaría como mínimo el 51 por ciento, mientras que la inversión pública tendría un tope de 49 por ciento del costo total. (REFORMA, 10/02/2016)
«No podíamos arrancar un proyecto que no pudiéramos financiar. Finalmente, llegamos a una cifra: mil 700 millones de pesos, que es lo que hemos invertido en este proyecto. Es el techo presupuestal que tenemos», refiere el director de dicho fideicomiso responsable del museo, en cuyo Comité Técnico hay representantes de la CFE, todavía dueña del terreno; de la Secretaría de Energía, y del Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias.
Al final, Banobras aportó el 49.2 por ciento de la inversión necesaria, y el 51.8 por ciento restante se cubrió mediante los donativos de más de 30 empresas a través de lo que Rivas Mora describe como un esfuerzo de «vendedor de aspiradoras».
«O sea, fuimos puerta por puerta tocando y tratando de convencer a mucha gente () Fuimos a empresas muy importantes que decían: ‘Lo que están haciendo es formidable; no puedo apoyarlos, pero tengo que reconocerlo’», narra el directivo del Munet.
«Pero siempre contamos con la fortuna, y cuando teníamos momentos en donde se empezaba a acabar el dinero, pues de alguna manera siempre llegaba alguien y decía: ‘No tengo todo lo que necesitan, pero aquí tienen un poquito’. Y ese poquito siempre ayudó a que el proyecto estuviera vivo», reconoce.
Así, aunque Rivas Mora menciona los años de impasse obligatorio a causa de la pandemia de Covid-19, en realidad pareciera que fue esa compleja recaudación de recursos la causa principal por la que sólo hasta ahora ha quedado listo un museo cuyas obras, según se informó en un principio, comenzarían en 2016 para abrir al público en 2018.
«Si hubiera contado con todos los recursos desde un inicio, como algunos proyectos que tienen esa fortuna, tal vez se hubiera terminado un poco más rápido», admite el ingeniero, hoy más bien entusiasmado, y algo nervioso, con la inauguración del Munet finalmente a la vuelta de la esquina.
Sin un presupuesto asignado, generar sus propios recursos será el reto que ahora enfrente en su día a día el nuevo museo y su modesta plantilla de menos de 50 trabajadores operativos.





